20/12/11

Noches II

La mejor hora para encontrarse contigo.

¿Qué hora es?, preguntó Pessoa.
Es casi medianoche, respondió Álvaro de Campos, la mejor hora para encontrarse contigo, es la hora de los fantasmas.
 Antonio Tabucchi.

Fragmento de Las Ruinas circulares.

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado.
Jorge Luis Borges.

Fragmento de "El imperio jesuítico" (Pág 100*)


Cerca de mediodía, aquel muelle vellón se rompe. El cielo se glorifica profundamente; verdean los collados; silban las perdices en las cañadas; y por el ambiente, de una suavidad quizá excesiva, como verdadero símbolo de aquella imprevisora esplendidez, el morpho Menelaus, la gigantesca mariposa azul, se cierne lenta y errátil, joyando al sol familiar sus cerúleas alas.
A la tarde, el espectáculo solar es magnífico, sobre los grandes ríos especialmente, pues dentro el bosque la noche sobreviene brusca, apenas disminuye la luz. En las aguas, cuyo cauce despeja el horizonte, el crepúsculo subtropical despliega toda su maravilla.
Primero es una faja amarillo de hiél al Oeste,correspondiendo con ella por la parte opuesta una zona baja de intenso azul eléctrico, que se degrada hacia el cénit en lila viejo y sucesivamente en rosa,  amoratándose por último sobre una vasta extensión, donde boga la luna. Luego este viso va  borrándose/.mientras surge en el ocaso una horizontal claridad de anaranjado ardiente, que asciende a,l  oro claro y al verde luz, neutralizado en una tenuidad de blancura deslumbradora. Como un vaho  sutilísimo embebe á aquel matiz un rubor de cutis, enfriado pronto en lila donde nace tal cual estrella;  pero todo tan claro, que su reflexión adquiere el brillo de un colosal arco-iris sobre la lejanía inmensa  del río.
Este, negro á la parte opuesta, negro de plomo oxidado entre los bosques profundos que le forman una orla de tinta china, rueda frente al espectador densas franjas de un rosa lóbrego. Un silencio magnífico profundiza el éxtasis celeste. Quizá llegue de la ruina próxima, en un soplo imperceptible, el aroma de  los azahares. Tal vez una piragua se destaque de la ribera asaz sombría, engendrando una nueva onda rosa, y haciendo blanquear, como una garza á flor de agua, la camisa de su remero...
El crepúsculo, radioso como una aurora, tarda en decrecer; y cuando la noche empieza por último á definirse, un nuevo espectáculo embellece el firmamento. Sobre la línea del horizonte, el lucero, tamaño como una toronja, a parecido palpitando entre reflejos azules el viento agita. Su irradiación proyecta verdaderas llamas, que describen sobre el agua una clara estela, á pesar de la luna, y la  primera impresión es casi de miedo en presencia de tan enorme diamante.
Leopoldo Lugones



*Leer online: http://ia600508.us.archive.org/5/items/elimperiojesut00lugouoft/elimperiojesut00lugouoft.pdf


1 comentario:

  1. llegar a sentir la inmensidad del estar vivo...

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